Caminatas de entrenamiento
Fui el miércoles (por fin) a buscar mi credencial para el Camino de Santiago. Como faltael sentido de orientación iba pensando que esta experiencia sería un poco como mi primer entrenamiento para la caminata. Me sorprendí cuando lo encontré tan fácilmente. Fui a Arzobispado de Madrid en la calle Bailén a al entrar crucé con un cura muy simpático que me dirigió a la recepción para pedir la credencial. Una señora mayor trabajaba en la recepción y me atendió. La única dificultad fue que no había más credenciales allí en la recepción así que tuve que esperar unos minutos hasta que su compañero regresara para buscarme una. En total pasé 10 minutos allí. No me han hecho ninguna pregunta ni me han pedido nada de dinero. Fin, me resultó un trabajo muy fácil y no tengo nada muy interesante contar sobre esta experiencia.
También fui hoy a la caminata de entrenamiento en la Casa de Campo. Estaba enferma para la primera caminata y tenía planes el sábado pasado, por eso esta caminata fue la última oportunidad de hacer un “entrenamiento oficial.” No dormí muy bien, me desperté 3 veces pensando que iba a perder la caminata. (Esto es una manía que he tenido toda la vida, no sé porque, pero cuando tengo algo importante que hacer me despierto mil veces creyendo que había quedado dormida.) Lo bueno fue que por la primera vez no me pillé lejos de casa. De hecho, cuando hace buen tiempo suelo ir a correr en La Casa de Campo con un amigo porque está prácticamente al lado de mi casa. Fui yo la primera en llegar (también la primera vez en mi vida, creo) lo cual me dio un poco de susto (otra vez, ¿puede ser que me perdió la caminata? manías, manías) pero después de unos minutos llegó Erika y después Lena, y poco a poco llegaron otros estudiantes de la clase. Hacía más frío que pensaba. Cuando me desperté hacía sol y esperaba un día no muy frío, por eso solo me puse unas capas y no llevaba abrigo, una decisión que me arrepentí luego. Por lo menos mientras caminábamos no tenía mucho frío, solo cuando estábamos paradas. A pesar del frío me lo pasé bien caminando y charlando con mis compañeras. Vimos un rebaño de ovejas almorzando la hierba, una sensación bastante extraña dado que todavía estábamos dentro de los límites de la ciudad. Después de unas cuantas horas de caminar decidí volver, aunque me hubiera gustado seguir caminando, porque tenía (y todavía tengo!) mucho trabajo. Disfruté del aire fresco y un poco de ejercicio, porque hace mucho que no me daba tiempo para correr como el semestre pasado era mi costumbre. Creo que me vendría bien tener más caminatas obligatorias. J
